domingo, 3 de noviembre de 2024

La Argentina es un País excepcional, es un País de brutos con excepciones.

En los años 90 no pasaba un día sin que en la oficina, en la calle, en la radio y la televisión, no te contaran por lo menos 3 chistes de "Gallegos". Después cuando los "Gallegos", dicho genérico a los españoles, compraron las empresas argentinas, ahí se empezararon a dar cuenta que los brutos no eran los gallegos, sino los argentinos.

Aún hoy algún imbécil, que nunca falta, sigue contando de vez en cuanto algún chiste, pero sin repercusión alguna.

Los argentinos son tan brutos, que no se dan que son brutos, y algunos son tan, pero tan brutos, que hasta se creen inteligentes.

Un País rico, y potencialmente mucho más rico, es desperdiciado por la inoperancia de sus dirigentes en todos los sectores, y por la altísima corrupción de sus gobernantes.

El robo y la corrupción está enquistada en los políticos, que en nombre de la Democracia se hicieron millonarios. Los sindicalistas, los comerciantes y empresarios, los jueces, la policia, los abogados, cada uno desde su lugar hace lo que puede, hace lo que puede para vivir del otro.

En Argentina no hay justicia, no hay respeto, no hay valentía para defender los derechos constitucionales, los que no respetan ni la justicia. Y ya tampoco hay mucha fuerza para luchar por causas justas, porque el poder las reprime.

Ya se debe pensar que si realmente existiera un dios bueno, fuente de toda razón y justicia, la Argentina sería una potencia.

Pero por lo que vemos, no existe ese dios,  no solo en la Argentina sino en el mundo en donde predomina el "Mal", el sufrimiento y el dolor, no hay ni siquiera un dios bueno de razón y justicia, que tanto pregona la religión, por lo que resulta ser la religión uno de los focos de destrucción más destructivo y corrupto que cualquier otro.